El gobierno del presidente socialista Tabaré Vázquez profundizó sus ataques contra la prensa en Uruguay, señaló un informe de la
Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) difundido al final de su reunión este lunes en Asunción.
El gobierno de Vázquez "insulta, acusa, presiona y hostiga a los medios y periodistas independientes o críticos, e incluso se profundizó este semestre", precisó el reporte.
La prensa y los hombres de prensa críticos del gobierno "reciben de ministros, senadores y medios acólitos al presidente Vázquez adjetivaciones tales como 'gusanos', 'deleznables', 'bajos', 'infames', 'difamadores', 'inventores' de noticias', 'tergiversadores', 'mentirosos sin escrúpulos', 'payasos' e 'hijos de p...'", según el informe de la SIP.
La denuncia también agrega que el gobierno de Vázquez ha optado por utilizar la publicidad estatal "para premiar a los medios más adictos al Gobierno en desmedro de la prensa independiente o crítica, generando condiciones de competencia desiguales e injustas".
El informe de la SIP describe uno de los casos más sonados, que involucró al subdirector de Comunicación Institucional de la Presidencia, Gustavo Antúnez, "quien cuestionó al jefe de informativos de radio El Espectador, Martín Pintos, cuando éste informaba sobre un discurso del presidente Vázquez el 8 de marzo". Agregó que el hombre de radio recibió un mensaje de texto a su celular, después de anunciar que pondría al aire opiniones de la oposición sobre un discurso de Vázquez de ese día. El mensaje de Antúnez decía: "¿Por qué no aclarás? ¿Tenés miedo de presentar a un presidente de verdad?, ¡gusano!".
Antúnez admitió haber enviado el mensaje pero que, aún así, no fue sancionado por el presidente.
El gobierno progresista atacó a la prensa desde el principio
Los informes semianuales de la SIP dan cuenta de serios ataques a la prensa por parte del gobierno progresista desde 2005. El 14-05-2008 la SIP protestó la decisión del Banco de la República de retirar sus avisos del semanario "Búsqueda".
El 25-04-2008, la SIP denunció amenazas por parte del presidente del Banco de la Répública, Fernando Calloia, contra los que los periodistas Ismael Grau e Iván Kirichenko de "Búsqueda", que acudieron a su despacho para dar seguimiento a una investigación periodística sobre el procedimiento seguido en la entidad bancaria para la cancelación de una deuda y de una medida de embargo aplicada en el 1995 contra el vicepresidente de la República, Rodolfo Nin Novoa, a solo dos meses de haber asumido el cargo público en el 2005. El presidente de la Comisión de Libertad de Prensa e Información, Gonzalo Marroquín, aseveró que "nos preocupan las actitudes de reprobación y amenazas de un funcionario público ante la información de interés general difundida en un medio de comunicación que a su vez le da tiempo igual para presentar sus argumentos".
En su informe sobre Uruguay del 30-03-2008, la SIP dijo que se registraron una quincena de ataques verbales contra la prensa por parte del Vicepresidente del país, cinco ministros de Estado, tres senadores del gobierno y otros dirigentes del oficialismo, así como de la Dirección Nacional del gobernante Frente Amplio. Rodolfo Nin Novoa y su hermano Gonzalo Nin Novoa, la ministra del Interior Daysi Tourné, el ministro de Relaciones Exteriores, Reinaldo Gargano, el ministro de Ganadería, José Mujica, la ministra de Salud, María Julia Muñoz, el senador astorista Carlos Baraibar, el senador tupamaro Eleuterio Fernández Huidobro, fueron individualizados por la SIP.
El 24 de marzo el Frente Amplio emitió una declaración acusando a "los grandes medios de comunicación" de confabularse con los partidos de la oposición para atacar al Poder Ejecutivo y, también, para afectar "la independencia del Poder Judicial", en momentos en que la Suprema Corte de Justicia se disponía a emitir una sentencia que declara fuera de la Constitución una serie de impuestos aprobados por la Presidencia.
A fines del 2007, el gobierno pareció modificar su estrategia de presión sobre la prensa, al lanzar un planteo para que medios y periodistas se "autorregulen" por medio de un "código de ética". El vicepresidente Nin Novoa, el director de Planeamiento, Enrique Rubio y el secretario general del gobernante Partido Socialista, Eduardo Fernández, promocionaron esta idea durante semanas. Fernández manifestó que se pusieran en "debate" hasta los editoriales que publica la prensa.
En su informe de octubre de 2007, la SIP dijo que el hostigamiento verbal contra la prensa independiente o crítica continuó por parte de organismos del gobierno, tanto desde el Poder Ejecutivo como desde el Poder Legislativo, aunque el presidente Tabaré Vázquez ha moderado sus ataques personales contra medios y periodistas.
En marzo, la ministra de Salud, María Julia Muñoz --una de las principales acusadas de discriminar medios a través de la asignación política de la publicidad de su ministerio-- atacó a la SIP por la difusión del informe aprobado en Cartagena.
El 22 de marzo, el primer senador del gobierno, el tupamaro Eleuterio Fernández Huidobro, y la senadora Lucía Topolansky acusaron al semanario "Búsqueda" de inventar noticias, y de que el periódico "juega un papel" en la política uruguaya para perjudicar al gobierno por ser "el gratín de la crema de la peor derecha".
El 13 de abril, fotógrafos de periódicos locales y de agencias de noticias emitieron una declaración en rechazo al Ministerio del Interior que pidió imágenes publicadas de incidentes ocurridos durante manifestaciones de protesta por una visita al Uruguay del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, con el propósito de identificar a los participantes.
El 13 de junio, el senador oficialista José Korzeniak atacó durante una sesión del Congreso al diario El País, al que acusó de "mentir de manera ostensible y grotesca" y de hacerlo por ser --dijo-- "una empresa periodística de derecha".
El 28 de agosto, el vicepresidente de la República, Rodolfo Nin Novoa, afirmó durante una conferencia ante empresarios que algunas "actitudes del periodismo" uruguayo buscan "desestabilizar o poner en aprietos al gobierno", mientras se refería a noticias relacionadas con el caso de Alejandro Guido Antonini Wilson, un venezolano allegado a negocios con el gobierno de Hugo Chávez descubierto con 800 mil dólares ilegales adentro de una valija en el aeropuerto de Buenos Aires, que luego viajó a Uruguay.
El 18 de septiembre, el sindicato de periodistas (APU) denunció que el estatal Banco de Previsión Social (BPS) abrió una investigación para conocer el origen de una "filtración" informativa y, en ese marco, citó a dos periodistas del semanario Brecha para "interrogarlos de manera improcedente" sobre sus fuentes de información. Los periodistas, Fabián Werner y Walter Pernas, habían publicado el 31 de agosto un artículo que revelaba presuntos hechos de corrupción en los casinos públicos, que involucran al actual Director Nacional de Casinos del Estado, Juan Carlos Bengoa. Los periodistas se negaron a revelar sus fuentes informativas y cuando pidieron a sus interrogadores del BPS una copia de la declaración que habían hecho, ésta les fue negada, lo cual configuró una violación de las garantías del debido proceso.
El 6 de septiembre, el asesor en Comunicaciones de la telefónica estatal Antel, Michel Visillac, admitió públicamente en el diario oficialista La República que esa empresa empleaba o se disponía a emplear criterios discriminatorios para la adjudicación de publicidad oficial e instó al resto de la Administración Pública a hacer lo mismo.
Luego declaró al diario El País, donde dijo que "si en un programa de TV están atacando a la empresa, no puede aparecer en la tanda de ese programa publicidad de la empresa. No sería lógico; es como tirar la plata. Me puede pasar lo mismo en un diario cuando un editorial habla mal de la empresa y en la siguiente página hay un aviso entero".
En el informe de marzo de 2007, la SIP dijo que se constataron ataques crecientes, por ahora sólo verbales, desde el Poder Ejecutivo que encabeza el presidente Tabaré Vázquez, contra la prensa independiente o crítica. Entre otros hechos relevantes, el vicepresidente de la República, Rodolfo Nin Novoa, calificó de "impertinente" el informe anterior de la SIP; y el Poder Judicial pareció permearse por un nuevo estándar adoptado por la Suprema Corte de Justicia, que coloca el honor de los funcionarios públicos por encima de la libertad de expresión, aun cuando se trate de informaciones u opiniones de notorio interés público difundidas en la prensa.
En junio del 2006, el presidente Vázquez había difundido una "lista negra" de ocho medios de comunicación, tres de ellos periódicos que son miembros de la SIP, acusándolos públicamente de integrar la "oposición" política contra su gobierno. Siete meses y medio después el presidente Vázquez ratificó su postura. El 1 de marzo el diario Plan B, de reciente aparición, consultó a Vázquez sobre si consideraba que sus opiniones habían sido "apresuradas" o si "las sigue manteniendo". El Presidente respondió: "mantengo las opiniones expresadas". Además, cuando se le preguntó por el "revuelo que generó" con esos ataques, contestó en un tono burlón: "no tengo claro a qué revuelo se refiere usted".
Durante el último semestre, el presidente, su secretario, ministros de Estado, connotados parlamentarios oficialistas y hasta la esposa del primer mandatario han acusado públicamente a distintos medios de prensa de "conspiraciones" y "complots" contra el gobierno que nunca probaron, de "jugar jucio", "trampear", "estafar", "tergiversar" y "mentir canallescamente" al publicar noticias ciertas y de plantear "una lucha sorda" contra la administración con el "objetivo político" de "dejar la sensación" de que la situación del país "es horrible" para "limar la esperanza" de la gente. También han señalado falsamente a periodistas profesionales como integrantes de "servicios de inteligencia", han protestado porque la prensa no "exagera las bondades del gobierno", han atacado a la televisión privada por difundir "programación chatarra", por convertir "la noticia en un espectáculo" y por hacer de éste "una morbosa exhibición del lado oscuro de la naturaleza humana", han inventado inexistentes "coordinaciones" entre medios de comunicación para la publicación simultánea de noticias, en el marco de una "escalada orquestada por la derecha y por sus medios contra el gobierno" para "cuestionarlo" y "descalificarlo", y han hecho convocatorias públicas para "dar una cerrada batalla en todos los ámbitos" al alcance del oficialismo "para desenmascarar estos operativos políticos mentirosos, injuriantes e inmorales".
El 7 de diciembre del 2006, el sindicato de periodistas APU difundió el primer (y, hasta ahora, único) documento relacionado con el manejo de la publicidad oficial desde que el gobierno del presidente Vázquez asumió el poder el 1 de marzo del 2005. La investigación incluyó a 11 organismos del Estado que incurren en más gastos en publicidad oficial y manejan importantes fondos para esta finalidad. Algunos de estos organismos son los mismos que, en el pasado, observaron un comportamiento irregular o arbitrario en la adjudicación de la publicidad oficial. Se trata de la Presidencia de la República, dos ministerios (Transporte y Obras Públicas, y Salud Pública), cuatro bancos (el República, el de Previsión Social, el Hipotecario y el de Seguros), cuatro empresas públicas (agua y saneamiento, telecomunicaciones, energía eléctrica y combustibles) y un gobierno municipal (el de Montevideo). Según el documento, de los 11 organismos consultados, "sólo tres entregaron la información solicitada en un tiempo razonable", cuatro "dieron trámite" a los pedidos de información, "pero pusieron obstáculos formales o burocráticos" para proporcionarla, tres ignoraron "por completo" las solicitudes y ni siquiera las respondieron. En el caso restante, "el organismo se negó a brindar la información porque entendió que el gasto en publicidad oficial se encuentra amparado por el secreto tributario". A pesar de los obstáculos reseñados para conseguir la información, el documento concluyó sobre la base de "información privada" que, al menos en tres de los casos estudiados, la adjudicación de la publicidad oficial favoreció a medios identificados con el gobierno, en perjuicio de los medios independientes o críticos. El documento mencionó al Ministerio de Salud Pública por haber incrementado su inversión publicitaria en la prensa, aunque "el aumento" se dio "en medios claramente identificados con la tendencia política del gobierno, mientras que en otros se produjo directamente un retiro de la publicidad". También la Intendencia Municipal de Montevideo aumentó su inversión publicitaria. Pero el documento dijo que "ese aumento en el monto invertido no es equitativo, ya que mientras algunos recibieron efectivamente aumentos, otros en cambio sufrieron una disminución. De esos datos surge además que uno de esos medios escritos (de igual tendencia política que el gobierno) recibió cuatro veces y media más de dinero por publicidad en el 2005 que en el 2004. Este aumento no se repitió en ninguno de los otros medios de los que tenemos datos". Además, la petrolera estatal ANCAP aumentó su inversión publicitaria en la prensa. "Sin embargo --advirtió el documento-- hay que señalar la desproporcionalidad de los cambios efectuados. Mientras que algunos medios vieron disminuidos sus ingresos por publicidad oficial a menos de la mitad, otros (de igual tendencia ideológica que el gobierno) los vieron incrementados hasta casi cuatro veces".
En octubre de 2006, la SIP informó que la libertad de prensa en Uruguay sufrió un severo retroceso en el período anterior, durante el cual se han acumulado sentencias judiciales y ataques crecientes desde el Poder Ejecutivo que encabeza el presidente Tabaré Vázquez. En junio el Presidente Vázquez señaló a nueve medios de comunicación (entre ellos, tres periódicos miembros de la SIP) como "actores políticos" que forman parte de la "oposición", en un intento por restarles autoridad y credibilidad ante el público.
En setiembre, el instituto gubernamental para las políticas de la infancia "plantó" una "denuncia" proveniente de alguien "anónimo" contra un periodista, acusándolo a él y a su esposa -también periodista- de maltratar a un hijo de 6 años. La supuesta "denuncia", que el instituto se negó a proporcionar al periodista, se "plantó" por parte del "fantasma acusador" después de la difusión de una noticia que involucraba a las autoridades del organismo, que causó revuelo en medios parlamentarios y periodísticos. El periodista tiene ahora que llevar la carga de demostrar su inocencia ante una acusación que le hace el Estado, procedente de alguien desconocido, a quien el Estado no identifica y cuya presunta "denuncia" se niega a facilitar.
El 23 de marzo, ediles de la oposición denunciaron en la Junta Departamental de Montevideo que el gobierno de la capital, ejercido por el Frente Amplio, adjudica discrecionalmente publicidad oficial a favor de los periódicos Voces del Frente y La República, ambos afines al oficialismo. El 24 de abril el gobierno explicó sus criterios, pero sin convencimiento.
El ministro José Mujica (Ganadería), que lidera el sector más poderoso del gobernante Frente Amplio, atacó a los periodistas aduciendo que mantienen "a la gente sumergida en una especie de tonta bobería" y convierten "en temas esenciales" asuntos que "ni son urgentes" ni están planteados y, de ese modo, alejan al público "de cuestiones fundamentales".
El 4 de julio el sindicato de periodistas APU y la Asociación de Magistrados del Uruguay (AMU) cuestionaron una decisión del Ministerio de Educación y Cultura que restringe la libertad de expresión de los fiscales respecto a los dictámenes que éstos emiten. La APU dice que esa restricción "afecta directamente el derecho de los periodistas a informar a la población" porque "se restringe el acceso de los ciudadanos a información sobre procesos judiciales que afectan el interés general de la sociedad".
El 29 de agosto, el Directorio del Instituto del Niño y del Adolescente del Uruguay (INAU), responsable estatal para los políticas públicas hacia la infancia, difunde entre sus funcionarios una dura declaración contra la prensa, adjudicándole responsabilidad en la creación de una "sensación de inseguridad" en la sociedad.
El 7 de septiembre, el canciller Reinaldo Gargano atacó con dureza a lo que llama la "prensa de derecha" luego de que el semanario Búsqueda difundiera una encuesta encargada por el Partido Socialista, que él preside, según la cual el ministro tiene una "mala imagen" y debería abandonar "por voluntad propia" su cargo en el gobierno.
El 16 de septiembre, la ministra de Salud Pública, María Julia Muñoz, "sugiere" a los periodistas ser "responsables" en el tratamiento de las noticias sobre salud porque, dice, pueden crear "situaciones de alarma pública" que generen "afecciones, enfermedad y muerte". La ministra --quien durante el 2005 afirmó y nunca probó que en el país hay periodistas que se reúnen semanalmente para "conspirar" contra el gobierno, presunto grupo al que bautizó como "el eje del mal"-- dice que "los medios deben pararse frente a muchas situaciones como se han parado frente al tratamiento del suicidio. Las autoridades tienen la responsabilidad de ofrecer a los comunicadores información correcta y ellos deben tener la responsabilidad de entender que la noticia, si provoca alarma, puede afectar la salud de los ciudadanos".
El 22 de septiembre, el viceministro de Educación y Cultura, Felipe Michelini, atacó con virulencia inusitada al semanario Búsqueda. El gobernante se molestó por la difusión, el día anterior, de una investigación periodística de ese medio, en la que el secretario de la Presidencia, Gonzalo Fernández, identificó a un parapolicial argentino como responsable por haber asesinado en 1976 en Buenos Aires a los ex parlamentarios uruguayos Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz.
En su informe de marzo de 2006, la SIP dijo que dos ministros de Estado se lanzaron a atacar a los medios y periodistas que no se limitan a transcribir los comunicados oficiales, en una escalada que ya tiene varios adeptos en filas de la administración. Esta vez, el ministro del Interior, José Díaz, declaró públicamente que el "poder mediático" en Uruguay es "más fuerte que otros poderes democráticos". Luego, deslegitimó el papel de la prensa con el argumento de que a los medios "nadie los eligió", a diferencia de los gobernantes que pasaron por la prueba de las urnas. A su vez, en diciembre, la ministra de Salud Pública, María Julia Muñoz, muy allegada al presidente Vázquez, dijo saber que hay un grupo de periodistas, al que denominó "el eje del mal", que se reúnen semanalmente para conspirar contra el gobierno. La ministra nunca identificó a los presuntos complotados, aunque dijo con toda claridad: "conocemos la existencia de esas reuniones".
El presidente del estatal Banco de Previsión Social (BPS), Ernesto Murro, lanzó veladas amenazas contra periodistas que discrepan con decisiones adoptadas a lo largo de su gestión. Murro atribuyó "intenciones" ocultas a quienes lo critican desde la prensa, pero, enigmáticamente, anunció que "ya lo vamos a averiguar".
En la segunda semana de marzo, durante una visita oficial a Caracas, el presidente Vázquez, sentado junto a su homólogo Hugo Chávez, pareció burlarse de la prensa, luego de una pregunta de un periodista del diario uruguayo El Observador sobre la posibilidad de que Uruguay suscribiera el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Vázquez sepultó sorpresivamente cualquier posibilidad de que el país firmara un acuerdo de ese tipo y, en tono burlón, atribuyó las ´´versiones´´ al respecto a ´´tergiversaciones´´ de la prensa la cual, según él, le inventa al gobierno planes que no tiene. Sin embargo, durante los últimos meses, fueron el propio Vázquez y, por lo menos, cuatro de sus ministros, entre ellos el de Economía, Danilo Astori, quienes aludieron pública y abiertamente a la idea de suscribir el tratado.
En noviembre el semanario Búsqueda informó de que la jueza penal de noveno turno Gabriela Merialdo solicitó a la ministra de Salud Pública, María Julia Muñoz, que inicie investigaciones administrativas en esa Secretaría de Estado y luego le remita los resultados, a propósito de cómo se distribuyó la publicidad oficial durante gobiernos anteriores. A cuatro meses del pedido, la jueza aún no recibió ninguna información del Ministerio de Salud Pública.
En su informe de octubre de 2005, la SIP dijo que las notas negativas del período provinieron de algunos miembros del gobierno, quienes han hostigado con virulencia a la prensa y a los periodistas. El senador oficialista José Korzeniak del gobernante Partido Socialista, consiguió que el Senado se reuniera para denostar a medios y periodistas, en un acto que fue considerado por senadores de la oposición como un ataque a la libertad de prensa.
El 14 de setiembre el sindicato de periodistas denunció que el reportero Marcelo Borrat, coconductor del programa "Juramento Hipocrático" que se emite por la emisora radial AM Libre, del grupo mediático dirigido por el empresario argentino Federico Fasano, fue víctima de "la más grosera y directa censura" cuando "fue cortado" por su empleador mientras leía un comunicado del sindicato de los periodistas de TV Libre, que estaban en conflicto con Fasano por razones salariales. La APU expresó que "es muy importante visualizar este tipo de comportamientos contrarios a la libertad de expresión en momentos en que el gobierno estudia la concesión de una frecuencia por aire (canal 8 de televisión) a Fasano" y reclamó que las señales de radio y televisión sean asignadas a través de procesos licitatorios y no directamente.
Y el 4 de octubre, el diario El País de Montevideo denunció que la empresa naviera Buquebus, que conecta a través de un puente fluvial a las ciudades uruguayas de Montevideo y Colonia con Buenos Aires (Argentina), decidió aplicar "un gravamen absolutamente discriminatorio" para transportar la publicación a bordo de sus barcos, lo que obligó al periódico a cesar la relación contractual con esa compañía. Buquebus, propiedad del empresario naviero argentino Juan Carlos López Mena, resolvió retirar además la publicidad de El País. La empresa naviera, cuyo propietario cofinanció la campaña electoral del presidente Tabaré Vázquez, ha sido denunciada en El País y en otros medios de comunicación como deudora del Estado uruguayo. Los directivos de El País creen que tanto el "gravamen discriminatorio" para el transporte de los diarios a Buenos Aires como el retiro de la publicidad, obedecen a una actitud de represalia de López Mena a raíz de los artículos críticos publicados en el diario, que denunciaron las vinculaciones del empresario con el gobierno.
La nota preocupante del período es la asociación de Uruguay a Telesur, el canal multiestatal creado por el gobierno del presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Uruguay tiene sólo el 10 por ciento de las acciones de Telesur, pero el hecho de estar asociado en ese emprendimiento con dos gobiernos enemigos de la libertad de expresión, como son los de Venezuela y Cuba que reúnen la mayoría accionaria, es lo que genera inquietud en el país.
El 5 de junio, el director de la Administración de los Servicios de Salud del Estado, Tabaré González, amenaza con iniciar "acciones legales" contra el diario El Observador por haber publicado noticias sobre problemas en el funcionamiento del principal hospital público de Uruguay, calificándolas como "patrañas". El funcionario alega que "una cosa es libertad de prensa y otra libertinaje". Las noticias se confirmaron después y el funcionario nunca hizo la denuncia judicial.
El 11 de agosto, el senador José Korzeniak, anuncia en un juzgado civil que hará una "contrademanda" contra el semanario Búsqueda, su director Claudio Paolillo, su consejero delegado Danilo Arbilla, su columnista Tomás Linn y una decena de periodistas de la publicación "por grave daño moral" a raíz de un editorial y "algunas notas". El senador declara que reclamará 150.000 dólares de indemnización. La "contrademanda" del senador oficialista se produce el mismo día en que los periodistas de Búsqueda, atacados antes por el jerarca gubernamental como meros "instrumentos" de los partidos de la oposición, confirman en el juzgado una demanda civil contra Korzeniak de "responsabilidad extracontractual por abuso en el ejercicio de la libertad de expresión, hecho ilícito y daño al honor en varias de sus dimensiones (reputación, dignidad personal, trayectoria profesional y vida de relación". Los demandantes reclaman, cada uno, 10.000 dólares de indemnización.