El candidato nacionalista Luis Alberto Lacalle ha recibido una andanada de críticas desde el Frente Amplio porque dijo que recortaría el gasto público con "motosierra". También los "analistas" o "politólogos" que andan en la vuelta han ensayado todo tipo de comentarios con tono de sorpresa y cejas alzadas ante tales declaraciones. Como si bajar el gasto público, fuera un dislate o una amenaza desestabilizadora. Bueno, en el Uruguay puede ser que lo sea...
Pero lo de la "motosierra" es una de esos trucos de campaña electoral. Esos golpes de efecto que duran lo que dura un titular de un diario. Porque en el Uruguay nadie cree, probablemente ni siquiera Lacalle, que esa expresión tenga algún otro sentido que el extrictamente figurado. En los últimos 50 años nunca hemos visto una motosierra cercana a ninguna oficina pública. Apenas alguna tijerita o máquina de afeitar, de vez en cuando.
De todos modos, a mi me gustó lo de entrarle al Estado con motosierra. Consideremos sólo a los efectos de escribir este artículo que la licencia poética de Lacalle pueda tener visos de realidad y que, efectivamente, si llega a la presidencia pretenda reducir drásticamente el gasto público.
¿Quién le teme a la motosierra? ¿A quiénes afectaría una reducción drástica del gasto público?
No creo que teman a la motosierra los cientos de miles de desempleados, sub-empleados o empleados en negro.
Ni los que siempre pagan las crisis con desempleo, baja de salarios e inseguridad laboral.
Ni los jóvenes que buscan su primer trabajo y que, en muchos casos, encuentran primero un pasaje de avión y un destino lejano donde trabajar.
Ni los cientos de miles de trabajadores y empresarios que salen a trabajar todas las mañanas tempranito a llevar adelante sus actividades con las que sostienen a sus familias y pagan los crecientes impuestos.
Ni los que pagan las naftas más caras del mundo.
Ni los cientos de miles de jubilados y pensionistas que cobran una miseria luego de una vida de trabajo y de pago de impuestos.
Ni los que están encadenados a la noria de IRPF, IASS, IVA, IRAE, IPAT, IMESI, IRNR, IMEBA, Monotributo, ICOSA, FIS, etc.
Ni los estudiantes que no pueden pagarse una educación privada --la abrumadora mayoría de los jóvenes uruguayos-- y que pierden una de cada cinco horas de clase en el sistema público.
Ni los que son esclavos de las intendencias y, mientras deambulan entre la mugre, los pozos y la oscuridad, tienen que pagar religiosamente la contribución inmobiliaria, la patente de rodados, la tarifa de saneamiento, la tasa anual de necrópolis, la Tasa Bromatológica (que no es broma), los Impuestos Domiciliarios, etc.
Ni los ciudadanos que salen todos los días a las calles de las ciudades y pueblos del país a enfrentar a malvivientes de todo tipo que reinan con impunidad en todos lados.
Ni los maestros, policias, médicos, enfermeros, bibliotecarios, asistentes sociales, guardias de cárceles, jueces y personal judicial, que tratan de ofrecer servicios públicos esenciales con sueldos y herramientas miserables.
Ni Pedro...
... sigue la lista (tal vez la ampliemos en una próxima oportunidad).
Los que deben tenerle pánico a la motosierra son los que viven del Estado sin hacer nada. Los porteros y ascensoristas que ganan decenas de miles de pesos por mes.
Los políticos y partidos que crecen en la demagogia y el populismo y los sindicatos enquistados en la izquierda y el Estado, que viven y luchan para repartir ("distribuir", deberíamos decir) la riqueza que no es de ellos, sino de los que trabajan duro para crearla.
Las decenas de miles de empleados públicos que básicamente cobran un subsidio de desempleo disfrazado de sueldo.
Todos los empleados públicos para quienes no hay crisis, ni desempleo, ni baja de salarios, ni inseguridad laboral. Nunca. Gracias a los impuestos que pagan todos los demás.
Las empresas públicas y sus empleados que no tiene razón de ser, excepto como herramienta de extracción forzosa de recursos de la gente que trabaja y produce para financiar al Estado.
Pluna
AFE
ANTEL
Los de arriba, que viven de los de abajo.
La Universidad de la República.
El Hospital de Clínicas, monumento de la izquierda en ruinas, que sigue pidiendo plata mientras más del 30% de sus miles de funcionarios están en la casa porque tienen "gripe".
Los funcionarios públicos de confianza.
La burbuja eterna.
Chris Namús.
Juan.
Bella Unión, el capitalismo progresista que vive gracias al subsidio de los contribuyentes.
La agencia de viajes de la IMM.
El Hotel Carrasco.
Los asesores del Arroyo Carrasco.
Los casinos públicos, municipales y de cualquier otro tipo.
Los funcionarios municipales que ganan cuatro veces más que un empleado privado...
... sigue la lista (tal vez la ampliemos en una próxima oportunidad).