Astori sigue obcecado por discutir el pasado, con su disco rayado de comparar la gestión de Lacalle con la de Vázquez! Nadie le teme a esa comparación de la cual el Frente sale mal parado si cotejamos, por ejemplo, las cifras de crímenes, de uruguayos emigrantes, de estudiantes desertores o, incluso, de distribución de la riqueza. Pierde en todas.
Pero una campaña electoral no puede ser un mero ejercicio de memoria porque la gente vota pensando en lo que vendrá. Por tanto, debe servir para confrontar dos proyectos de país, cada uno con su nombre y apellido: el de Lacalle vs. el de Mujica. Con una primera diferencia que rompe los ojos: el de Lacalle es más seguro y predecible; el de Mujica es un tiro al aire porque nadie sabe en qué puede terminar...
¿Qué puede esperarse de un gobierno de Mujica? Ante todo, incertidumbre. ¿Convocará a una constituyente? ¿En qué cambiará la Constitución? ¿Se afectará el derecho de propiedad? ¿Suprimirá las AFAP? ¿Importará campesinos de Bolivia? ¿Se abrazará con culebras en el plano internacional? Y si lo eligen ¿cumplirá sus anuncios de hacer huelga de hambre, "armar relajo" y pelearse con quienes se crucen en su camino?
¿Uruguay país natural? ¿Uruguay tecnológico? ¿Un país abierto a la innovación o un país abrumado por su Estado y encorsetado por mil normas? ¿Un país aun más viejo y con menos habitantes que los de hoy? ¿Un país con una educación digna del siglo XXI? ¿Un país gobernado por las corporaciones? ¿Un país alineado con los Chávez de su tiempo o un país capaz de firmar un TLC con quien más le convenga?
Importa contestar esas preguntas en vez de congelarse en el pasado.
Tomado de la columna titulada "Estadista se busca" por Antonio Mercader. "El País", 22-07-2009.